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Nos situamos en un entorno de desarrollo capitalista, dominante, patriarcal y consumista en la que los problemas sociales y ambientales empiezan a ser alarmantes y la globalización ha destruido todo lo que nos quedaba de nuestras raíces. A partir de este momento de crisis y de colapsos sociales, económicos, estructurales, familiares, ambientales y climáticos nace la necesidad de estructurar y plantear la educación ambiental como un camino que informe de la problemática real. En este lugar, la educación ambiental pretende ser un proceso educativo que se ocupa de la relación del ser humano con lo que le rodea, y consigo mismo, así como las consecuencias de esta relación con lo salvaje. De este modo, la educación ambiental tiene que contribuir a un proceso de integración social en el papel de la enseñanza multidisciplinar. 

Los problemas ambientales no solo son parte de una crisis ecológica sino que conlleva consecuencias sociales muy graves en la mayoría de los casos. “El cambio climático es el síntoma pero la enfermedad es el capitalismo”. (Riechmann, 2017).Vivimos en una crisis derivada de la arquitectura y el funcionamiento de la propia naturaleza que nos rodea y de los procesos de industrialización y de la acción tecnológica en nuestro día a día. 

Seguimos en masa un estilo de vida irracional marcado por relaciones humanas y no humanas injustas donde el racismo, el especismo o la homofobia tienen cabida, y a veces consiguen, gobernar mentes de manera autoritaria dentro de un estado inconsciente y violento que da paso a un actual sistema económico de inestabilidad y deuda creando una cultura dominada por unos pocos. Los problemas ambientales nunca han sido independientes los unos de los otros, sino que conviven en Gaia y se interelacionan. (Margulis,2002). La inconsciencia de la unidad del ecosistema planetario que niega la interdependencia ecológica y económica del planeta es la base del deterioro de nuestras formas de vivir, los valores, los pensamientos, las acciones, las leyes, las normas sociales, la alimentación, el consumo material y tecnológico que se convierten en un reflejo del desarrollo social de la especie humana, occidentalizada, infantilizada y materializada. 

Resulta increíble y a la vez gracioso pensar que finalmente aquello que nos pueda salvar, no sea un nuevo grupo local ecologista, un nuevo acuerdo económico o una nueva corriente política. Pensar que la tecnología nos va a salvar es entregar toda nuestra esperanza al robot que al hablar con él por teléfono nunca te llega a entender. Afrontar esta realidad con honestidad y aprender a vivir con ella. Si no sientes cierta desesperación en tiempos como éstos, es que no estás completamente vivo. Pero tiene que haber algo más allá de la desesperación; o, más bien, algo que la acompañe, un compañero de viaje; la educación ambiental. 

La educación ambiental ha de contribuir a una consciencia crítica, multidisciplinar e integrativa de nuestra relación con el planeta, transformar el mundo y dar voz a la realidad y las problemáticas que le rodean. Tiene que velar por la importancia de los derechos de todos los seres vivos, no solo a la especie humana y ayudar a crear políticas y culturas basadas en necesidades a corto plazo (Freire, 1995). 

Educar como camino, como desarrollo, como proceso para contribuir a la reflexión de saberes, conocimientos, valores y desarrollo de capacidades individuales y colectivas. La educación como herramienta de adaptación cultural en el camino de transición ecológica. 

A diferencia de otros saberes, la educación ambiental es cambiante y va unida a acontecimientos, acciones o momentos importantes actuales como por ejemplo la posible crisis del agua, la posible extinción de especies animales y vegetales o el aumento de la dependencia de materias fósiles. La educación ambiental no es estática, evoluciona paralelamente a la percepción de la naturaleza y del medio ambiente. 

La educación ambiental puede y debe ser estratégica o tener una misión clave con unos objetivos y un plan de acción establecidos y orientados a la sustentabilidad, la equidad y la empatía. No solo ha de responder a las demandas sociales sino que ha de crear y participar en propuestas explícitas sobre el tipo de realidad que se quiere construir. Es necesario cambiar las relaciones con el ambiente intentando anteponer el consumo racional de los recursos y las relaciones armoniosas con la naturaleza. 

Para poder afrontar nuevos problemas ecológicos, la educación ambiental necesita analizar e investigar situaciones problemáticas estudiando los diferentes casos y su potencial integrador en la sociedad. Creando nuevas respuestas que contribuyan a la creación de nuevos conocimientos, de tal forma que a medida que se van trabajando las diferentes políticas se puedan ir presentando también posibles soluciones y modificar así el aprendizaje que se utiliza en diferentes ámbitos como la educación, las instituciones públicas, las empresas privadas…En este nuevo caso, el educar forma parte de esa investigación de los nuevos problemas/soluciones. 

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